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miércoles, 13 de agosto de 2014

III Triatlón Olímpico sin drafting de Aranda de Duero. Ante todo, humildad.



Como no me iba de Madrid hasta el 16 de agosto quisimos buscar un último triatlón para cerrar ya el periodo competitivo de este año. Me informé bien sobre Aranda y en seguida me decidí por el. Triatlón organizado por un club, apenas 160 dorsales, mucho nivel entre participantes y buenos recorridos. Cada vez me gustan más este tipo de pruebas. Antes que nada quiero agradecer a la organización la prueba tan magnífica que nos ofrecieron.

Según llego me siento un poco pez fuera del agua, la gente está terriblemente fina, hay triatletas de toda España y alguno tiene nivel internacional. Mas de la mitad de las bicis son cabras, algunas de ellas de mucho dinero y montadas por gente que tiene mucha calidad. Como siempre, no me acongojo y no dejo de prestar atención para aprender todo lo que puedo. Como siempre aparece el buen rollo, las conversaciones, los consejos, ya se que me repito pero el ambiente de un Box es fantástico. Cuando lo tengo todo montado y controlado me acerco al agua, corriente fuerte y el agua más turbia que he visto nunca. El circuito es a dos vueltas, teniendo que pasar entre los ojos de un puente de piedra remontando el Duero, esto haría que varios triatletas decidiesen no dar la segunda vuelta y abandonasen en la natación. Lo que da una idea de lo que fue el agua.

Caliento un poco, estiro, me pongo las gafas. Atendemos en silencio a las instrucciones de los oficiales de la Federación y nos metemos al rio, el neopreno está prohibido por estar el agua a 22 grados clavados. La corriente es mas fuerte de lo que parece desde fuera, mucho mas fuerte, y es el agua con menos visibilidad en la que me he metido de largo. Como el neopreno está prohibido hay que tirar de técnica para sacar adelante este segmento. Nos agrupamos debajo del puente y dan la salida que es muy salvaje, como puso Sergio Moreno en Twitter: “Éramos pocos pero con mala leche. No he recibido más golpes en mi vida”. Coincido totalmente con el comentario, jamás me han dado tanta estopa en el agua, ya me voy enterando de por qué me dijeron que era un triatlón duro. Al girar la boya para remontar contracorriente,  el Duero aparece en toda su magnitud. Tenemos el sol de frente, por lo que es difícil orientarse, me intento pegar lo que puedo a la orilla donde la corriente suele ser menos fuerte pero he cometido un error, giré la boya demasiado cerrado y no puedo pegarme a la ribera porque está plagada compañeros, además, seguimos a hostia limpia. Cuanto más nos vamos acercando al puente de piedra más fuerte es la corriente, pura física, si el agua tiene menos espacio para pasar se acelera por la compresión. De vez en cuando el sol nos deja ver el ojo por el que tenemos que girar, parece un gigante que está sacando la cabeza del agua, nos mira y se ríe, apenas avanzamos. Veo gente muy agobiada a mi lado, yo intento centrarme en nadar y que no me afecte, entonces me doy cuenta de que por primera vez estoy pasandolo mal en el agua. Me voy acercando poco a poco al puente y cada vez es más difícil, parece que no te mueves, la cabeza da malas pasadas, trago agua, trago mucho agua, y por fin consigo doblar el pilar. Pero no hay descanso, voy mal de tiempo, hago un cálculo rápido y me doy cuenta de que corre peligro pasar el corte que está en 45´, así que me lanzo río abajo sacando toda la velocidad que puedo. No entraba esto en mis planes, mi segmento, el que mejor hago y me puedo quedar fuera. Llego a la boya y esta vez giro bien, me pego a la orilla lo que puedo y sin mirar hacia delante me voy guiando por la propia orilla, me raspo con alguna raiz pero sigo sin descentrarme. De nuevo me enfrento al puente, voy cansado, me centro esta vez en controlar la respiración y meter bien los brazos, pero estoy bastante sofocado y me cuesta mantener la postura correcta. Parece que no avanzo, esta vez no me agobio y controlo a mi mente, saco fuerzas y corrijo la postura, meto bien los brazos, agarro bien el agua, respiro bien y entonces consigo girar y lanzarme a la salida del agua. No, miento, no me lanzo, llego a braza, lo que os puede dar una idea de lo que ha sido esta natación. Salgo en 40´del agua, a solo 5´de quedarme fuera de competición. Quedan bastantes bicis, me sorprende, hago una T1 tranquila y a rodar.

Me monto en mi Imperiosa y voy cogiendo velocidad, según salgo de Aranda aparece el protagonista de este segmento, un fortísimo viento cruzado. Si del agua salía cansado toma dos tazas. Eso sí, el circuito es precioso y la organización soberbia. Intento llevar siempre cadencia e ir solventando los diferentes toboganes que nos vamos encontrando. La cosa es así, tobogán para arriba que va ganando en pendiente, coronas, bajas y un poco de llano, repetír N veces y tienes el 75% de la bici del Triatlón de Aranda. No está permitido el drafting, así que no podemos ir a rueda y estamos cada uno contra el viento, bueno, cada uno no. Quiero denunciar desde este blog que me adelantó una grupeta, si, 4 tios relevandose aprovechando que no había jueces hasta más adelante. Yo estas cosas, francamente, no las entiendo. Pero de eso hablaré en otra entrada. Yo me centro en cumplir la normativa y punto, les dejo irse. A pesar de que intento llevar una buena cadencia la bici se va haciendo muy dura, apenas hay sitios en los que puedas lanzarte y mantener la velocidad rodando y prácticamente siempre hay que ir dando pedales haciendo fuerza. También hay rachas de viento que te desestabilizan, luego me enteré de un par de caídas y uno terminó en el hospital, así que con los perfiles de 50 tenía que ir agarrando muy fuerte al manillar. Poco a poco noto como el aire va haciendo mella, llegamos a una zona de viñedos donde vamos encadenando subidas entre pueblos, rampas no muy largas pero que rondan el 5-6% más o menos. En una de ellas voy tan jodido que tengo que meter el 28, el viento me ha dejado casi parado y voy cargado de hombros por la natación, cuesta levantarse y bailar la bici. Los últimos km sufro un poco pero no sale mala media, el Garmin me da casi 28 Km/h lo que está bastante bien para mi nivel. Transición rápida y a correr, y a sufrir.

El circuito es duro, muy al estilo del JCI de hace unas semanas, en este tenemos que pasar además 4 veces por la típica pasarela de río que hay que subir haciendo zig-zag con mucho desnivel. Enseguida Aranda me enseña sus dientes, arranco a menos de 5 min el km pero la pasarela es un mazazo, al igual que hace unas semanas no puedo mantener un ritmo, lo tengo que ir rompiendo de forma permanente. Los organizadores debían de ser conscientes de la dureza porque nunca he visto tanto avituallamiento junto. Salimos por campo con rampas, saltos, tramos de acera, bajadas criminales, subidas criminales, la puta pasarela. Voy alrededor de 5 y cada vez más lento, el pulso y mis sensaciones indican que lo estoy dando todo. Entonces la cabeza me juega una muy mala pasada, me pego contra el muro, el muro del maratón, el mismo, las mismas sensaciones. Ya lo conozco y sé lo que es. Todo mi cuerpo me dice que abandone, mi mente me grita que me pare, creo que voy el último o casi el último, no hay nadie a mi alrededor, estoy yo solo. No puedo buscar la mirada cómplice de otro triatleta, seguir las pisadas de alguien. Pero que coño, no he llegado hasta aquí para rendirme, quedan “solo” 4 km hasta meta. Tal y como me ha enseñado Miguel intento borrarlo todo de mi mente, me centro en la técnica, pienso en los metatarsos, en levantar bien las rodillas, realmente no consigo pisar bien porque estoy muerto pero me distraigo lo suficiente como para abandonar al tío del mazo. No se el tiempo que dura este pozo pero se me hace eterno, consigo salir de el y dejo de mirar al suelo para mirar al frente. Eso me ha enseñado la vida, si estás mal mira al frente y no te detengas, sigue avanzando. Encuentro el ritmo que puedo llevar, paso de mirar el pulso y me centro en cada zancada, y llego, y me paro, y me pongo de rodillas. No hay sprint al final ni nada que se le parezca, no puedo dar un paso más. Poco más de 53 minutos para 10.800 de carrera. 3:04 al final saboreando las mieles de este deporte y esta distancia entrando casi el último.

 La temporada llega a su fin y aunque satisfecho, me queda muchísimo por aprender y mejorar. Ganas no me faltan. Seguiré viniendo a este tipo de pruebas, te recuerdan lo que eres, tu nivel real, te devuelven al mundo y te dan una cura de humildad tremenda. Hay que seguir trabajando poco a poco, me queda mucho camino que recorrer pero estoy embarcado en un precioso viaje. O al menos, así lo siento.

martes, 22 de julio de 2014

IV Triatlón Juan Carlos I. Tan cerca y tan duro.

El Triatlón Juan Carlos I ha vuelto a hacerse este año, como no podía ir a Riaza justo al siguiente fin de semana me venía perfecto para cambiar una competición por otra. Este año, la novedad, es que habían incluido distancia Olímpica (la que me gusta) con circuitos renovados. Me llamaba la atención nadar en esa ría, me habían avisado que era un lodazal y estaba llena de mierda, pero yo es que soy así, cuanto más bizarro sea el sitio pues mejor. Luego resultó que el agua no era más asquerosa que la de otros sitios, lo vi en la línea de la CdC, el Tajo en Talavera, el embalse de Juarros, etc. Alguno comentó que había más agua que en la última edición y que lo habían limpiado, que la diferencia era enorme.

Como siempre allí llegue muy pronto, a las 7:30 se repartían dorsales y a las 7:30 lo recogí. Enseguida me encontré con Javi y Yolanda a la que desvirtualizo, charlo un rato con ellos y me voy a pasar el control de material. Ya veo que la gente del olímpico está muy fina y es que apenas somos 100 participantes, hay nivel, en el Sprint hay de todo un poco. Muchas risas, solidaridad, consejos, el buen ambiente sigue imperando en este deporte. No sé por qué leo de vez en cuando en foros, Facebook y demás, que los triatletas somos unos chulos, etc. Francamente no lo entiendo, y animo al que quiera a pasar por unos boxes para que vea la solidaridad y el buen rollo que hay. Según estoy montando me llama Miguel, han llegado varios compis del club para animarme, uno de esos detalles que se agradecen hasta el infinito. Qué grande es mi club Atletismo Caprus, pocos sitios he visto con tanta calidad humana.  
Con todo montado ya y el tritraje ajustado vamos dando un paseíto hasta la zona de salida que está a 10 minutos andando, hace algo de viento y buena temperatura. Nos encontramos con Almu que esta trotando por la zona también. Nos tiramos varios al agua para calentar y es entonces cuando veo que es más o menos lo de otros sitios, me recuerda mucho al agua de la Casa de Campo la verdad. En seguida los jueces nos llaman a colocarnos detrás de una cuerda, nos dan las últimas instrucciones y al toque de bocina se desata un terrible maremoto.

Arranco a nadar y ocurre algo curioso. La ría no es muy profunda, cubre por el pecho, supongo que el oleaje que generamos choca con el fondo y lo amplifica, parece que estamos nadando en un mar embravecido con Neptuno intentando ahogarnos. La sensación es que el agua te chupa, que el culo se hunde, que la ría te succiona, cuesta nadar. Además, llueven hostias por todos lados, esto es lo de menos porque todos estamos acostumbrados, no hay malos rollos ni recriminaciones. Es imposible seguir pies, imposible orientarse bien, voy por instinto siguiendo al grupo en el que estoy metido. 100 guerreros luchando contra el agua, castigándola a base de golpes como si nos fuese la vida en ello. Creo que nos comportamos como hacen los bancos de peces girando al unísono, se me cruzan compañeros por todos lados, me agarran de los pies, de las manos, de la cabeza, intento no pensar y concentrarme en la técnica, aunque cuesta. Poco a poco la cosa se estira y al pasar la primera boya de giro, a unos 800 metros, ya puedo nadar más a gusto. Encuentro el ritmo adecuado, respirando bien, agarrando agua pero sin vaciarme. Salgo bien, perfecto para pillar un buen grupo, transición rápida y a rodar. 30´en el agua.

Voy con poco desarrollo para ir activando piernas por un tramo de enlace hasta el circuito al que hay que dar cuatro vueltas, en seguida me doy cuenta de que va a ser duro. El recorrido es muy revirado, está lleno de giros de 90 y 180 grados, glorietas, badenes, rampas, subidas y bajadas en curva, tremendo. Creo que no llevé ni un minuto el mismo desarrollo, hay que estar jugando con el cambio continuamente, levantándose de la bici continuamente, agarrando bien el manillar continuamente, y estando muy atento a todo. No se hacen grupetas, es imposible, lo intentamos alguna vez pero es peligroso, la prueba termina convirtiéndose en un Olímpico sin drafting en el que ves que los que lo llevan no hacen uso del acople, es que no da tiempo a hacerlo. Aprovecho para ir comiendo una barrita en trocitos e hidratarme bien. Cuando se nos juntan los del Sprint se vuelve más jorobado el tema porque hay mucho MTB de por medio. La verdad es que no tengo ningún susto ni nada por el estilo, pero sí que voy muy alerta, adelantando gente con mucho espacio y esos detalles. Poco a poco voy completando el circuito a mi rollo, intentado ir todo lo deprisa que puedo pero sin darlo todo, que luego hay que correr. Busco un desarrollo cómodo en el tramo de enlace y entro a boxes, la bici en 1:38.

Hago otra transición mecanizada, salgo ligero de los boxes y me centro en alargar la zancada, en la técnica. El ritmo es alto, voy a 4:40 más o menos pero dura poco. Enseguida el circuito se muestra como es, duro. Igual que en la bici rampas que te rompen el ritmo, giros de 90º, me recuerda mucho al típico circuito de cross. Me guio por sensaciones y tiro de toda la técnica que he aprendido en Caprus. Braceando para subir, buscando el segundo aliento en las subidas,  y a cada paso por meta la gente de mi club animando que me da alas. Al completar la primera ya voy metido en mi mundo, en el nivel de sufrimiento que me gusta, me tomo un gel con cafeína y a concentrarse y seguir. Me voy marcando objetivos, veo gente que llevo delante y me centro en irlos pillando poco a poco. Me encuentro muy cómodo, sufriendo pero cómodo. Me veo con energía, con una zancada ágil, con buenas sensaciones en un circuito que no te deja respiro. Igual que en la bici, el tema es que no tienes prácticamente descanso y no puedes ir tan en automático como en un circuito más lineal. En la última cuesta cazo al último que podía pillar y aprieto para que no me adelante, consigo ese punto en el que puedo ir dándolo todo sin enterarme de lo que ocurre en el mundo exterior. Satisfacción total al cruzar la meta, 3:02 que están muy lejos de los 2:30 de Astromad pero que me han sabido igual de bien, la carrera la hago en 53 minutos. En el triatlón influyen muchas cosas, por eso no hay tanta marquitis como en otros deportes. Me quedo con muy buen sabor de boca para Aranda de Duero el 10 de Agosto porque este no ha sido un triatlón fácil.


Me ha parecido una prueba dura pero muy recomendable, un triatlón a menos de 10 minutos en coche de mi casa donde probarte bien. La natación me ha encantado, el ir avanzando por la ría y que la gente pueda seguirte por los lados y los puentes me ha gustado mucho. La bici bastante técnica, creo que es el calificativo más adecuado, no había grandes subidas ni nada parecido pero no había tregua. Y un circuito a pié que no te dejaba un segundo de respiro, con un recorrido similar al de un cross. Volveré, sin duda. 



Fotos robadas a Miguel Rodriguez, gracias! :)

lunes, 5 de mayo de 2014

VI Triatlón de la Cerámica



La verdad es que casi se me olvida lo que me gusta este deporte. El periodo entre una temporada y otra es largo, vas viendo como otros compis terminan maratones, trails, etc, y se te ponen los dientes largos. Tu sigues con tus “cosas de triatleta” y es verdad que se puede hacer algo duro. Al llegar a Talavera, llevaba una sonrisa de oreja a oreja y ya desde que entraba a coger el dorsal me he subido a una nube. No conozco otro deporte más flipante que este, es lo más endorfínico que he hecho nunca y es que son muchas las sensaciones que hay a lo largo de un triatlón, sobre todo si es en un entorno tam bonito como este. Talavera lo hice el año pasado por primera vez y decidí que esa prueba sería una fija en mi calendario. Desde este humilde blog quiero dar la enhorabuena a la organización y los lugareños, la verdad es que todo fue perfecto y se nos recibió con mucho cariño en la ciudad de la cerámica.

Hoy he sido consciente de varias cosas. La primera es que, aunque me muevo con mas soltura en los boxes, todavía me queda mucho que aprender. El cuidado y la colocación de todo lo tengo ya bastante resuelto pero tengo que mejorar los tiempos de las transiciones. La segunda son los imprevistos, el tri es un deporte muy complejo y en cualquier momento te puede pasar algo. Tienes que estar mentalmente preparado para lo que sea. La tercera es que me falta mucha fuerza encima de la bici, pero también es cierto que la manejo mucho mejor, por fin me he podido bajar en marcha de ella y he empezado a usar gomas aunque todavía no me atrevo a saltar en mi Imperiosa. La cuarta que sé sufrir, el Mister me ha enseñado a tolerar y gestionar el sufrimiento para poder competir en la parte alta de mi pulso, y se nota, vaya que si se nota. Las sensaciones en la carrera a pié han sido increíbles.

Llegamos pronto y enseguida nos encontramos con algunos amiguetes. Rápido recogemos dorsales, chip y nos marcan. Acto seguido pasamos control de material y montamos los boxes. La verdad es que todo transcurre con bastante calma, me siento muy a gusto. Me encantan estas pruebas ”pequeñas” hechas por clubes, de triatletas para triatletas, apenas 200 dorsales y muy buen rollo. El compañerismo aparece por todos los lados, consejos, ayudas, se respira muy buen ambiente. Calentamos un poco y nos ponemos los neoprenos, entonces yo me meto en mi mundo y me tiro al agua.

No hay color con la pasada edición, hay algo de corriente pero es soportable y la temperatura tampoco es tan fría como el año pasado. Sin darnos cuenta dan la salida y el tranquilo río entra en ebullición. Voy cómodo, acelerando poco a poco en un mar de pies y manos, entonces ocurre, ¡ZAS!, me sueltan una patada justo debajo de las costillas que me deja roto. No puedo respirar, me doblo, duel
e, me paro, braza, respiro, suelto aire, joder…me ha dolido mucho y me ha parado en seco. No pierdo la calma y poco a poco me voy recuperando, entonces arranco a nadar y sigo hacia la primera boya. La doblo con facilidad, me oriento a la segunda y la paso bien pero cometo un error. La primera norma del triatlón es “nada con calma”, estoy picado por el tiempo perdido y pillo unos pies de uno que va bastante rápido. Me vacío en este tramo contracorriente, me pongo a nadar a toda hostia y eso lo pago, karma instantáneo. Salgo del agua por la barandilla y me doy cuenta de que la he cagado, voy cardiaco perdido, creo que un poco hiperventilado y algo mareado. Me voy quitando el neopreno hasta que llego a mi puesto. Estoy desorientado, no me centro, pierdo bastante tiempo hasta que consigo colocarlo todo y puedo arrancar el segmento de bici. Cuando me subo sigo un poco desconcertado, bebo isotónico, meto los pies y ajusto las zapas, con calma me voy recuperando.

Cuando llegamos el Mister vio el viento y como perro viejo que es ya me dijo que lo pillaría en contra a la subida, así que: “no te vacies Suso, no se pelea contra el viento”. Y efectivamente, así ocurrió. En la subida regulo y busco un desarrollo relativamente cómodo para no petar, al coronar el viento pega bastante fuerte y yo sigo con la idea de controlar un poco. Giro y aquí la cosa cambia, acelero y bajo hasta Talavera sin tocar el freno, QUE GOZADA. Tenemos la carretera para nosotros y es una pasada ir en competición volando cuesta abajo con la bici, tumbándola de lado a lado de la carretera, trazando como si el binomio que formamos tuviese un solo alma. Aparece Talavera al fondo, la estampa es preciosa, no quiero ver la velocidad que llevo, no me interesa, solo quiero seguir bajando hasta el infinito. Disfruto una barbaridad. Entonces toca conectar el cerebro, quito desarrollo y me centro en llevar bastante cadencia. Saco los pies de las zapatillas, me levanto, paso la pierna por encima del sillín y me bajo en marcha. Esto me pone a mil, es la primera vez que lo hago en competición y suelto adrenalina por todos mis poros. Dejo a Imperiosa, me calzo y salgo pitando. Al contrario que antes, esta sí que es una buena transición.

La carrera con cojones, dicen que no tiene más estrategia que esa, adelanto a un chaval que me pasó en la bici y le veo bastante jodido, supongo que se vació subiendo. El cuerpo empieza a funcionar antes que otros triatlones, enseguida alcanzo las pulsaciones y las sensaciones que quiero, de aquí al final es un aguantar la agonía sin pasarse para no desfallecer. Entro en la meta como me gusta, acelerando los últimos metros y con sensación de haberlo dado todo, extiendo los brazos en un intento de abrazar la meta, como si fuese algo tangible, me siento exhausto y vivo.

He terminado muy contento porque llevo unas semanas con muchos viajes y sin poder entrenar como debería, aparte de algún que otro problemilla que me ha tenido distraído. Sin embargo he tenido sensación fortaleza. La conclusión es que me noto más maduro como triatleta, es mi deporte, es el que me gusta, pero todavía queda mucho por aprender y mejorar. De hecho queda muchísimo, pero como podéis leer, ganas no me faltan.


Fotos cortesía de Miguel Rodriguez.

lunes, 3 de febrero de 2014

¿Es más duro entrenar para triatlón que para un maratón? No, es diferente.

Lo primero que quiero dejar claro es que no soy nadie, solo un tipo que hace 7 años empezó a correr y que está en constante aprendizaje, pero me gusta compartir lo que voy aprendiendo y mis sensaciones. La de arriba es una pregunta recurrente, yo creo que nos la hacen a todos los triatletas. Mi humilde opinión es que no me parece que sea más duro preparar un triatlón (hasta Half) que un maratón o carreras similares. Pero sí que hay matices importantes a tener en cuenta. La primera es que el atletismo es un deporte diferente al triatlón, de hecho creo que más diferente de lo que parece en un principio.

En el triatlón no tienes ese continuo machaque de articulaciones que hace que al final de la semana te duelan hasta las pestañas. De la misma forma, no tienes esa sensación tan típica de “estoy hasta la/las/el/los (sustituir por la parte del cuerpo que proceda) de salir a correr”. Cuando llevas semanas entrenando para un maratón se hace muy duro, a mí me costaba cumplir entrenamientos porque ya no me apetecía correr más, pero soy disciplinado y salía a cumplir lo que tocaba. Bueno, eso en el triatlón no existe, realmente no tienes tiempo de aburrirte en ninguna de las tres disciplinas. La bici, por ejemplo, apetece siempre si hace buen tiempo y esas cosas. Al final de una semana dura de triatlón no te duele todo, la sensación que tienes es más de cansancio, pero realmente no aparecen esas molestias que si tienes al correr 4/5 días semanales. Como dice un buen amigo, correr duele.

La diferencia fundamental se encuentra en la gestión del tiempo. Si bien no me parece más duro entrenar triatlón que maratón, hay que dedicarle más tiempo. El triatlón implica muchas horas de entrenamiento, ahí está la diferencia. No terminas con ese machaque de solo correr pero sí que la buena gestión de la agenda es fundamental. Muchas veces tienes que robar tiempo a la cama y otras facetas de la vida.No tiene esa inmediatez del atletismo, no es llegar a casa y calzarte las zapas. Tienes que planificarte la semana y vencer la pereza. A mí es algo que no me cuesta hacer, también es cierto que me apasiona y disfruto como un loco.


Esa es mi humilde opinión, son dos deportes duros con ese matiz que he intentado explicar. Uno duele y el otro cansa, uno es más pesado y el otro más variado, uno te deja más tiempo libre y el otro consume tu agenda. Creo que en una balanza todo andaría muy equilibrado, depende el tipo de persona que seas te gustará más una cosa que otra. Como veis, no son deportes que se parezcan tanto ;)

martes, 27 de agosto de 2013

No somos bichos raros, somos triatletas...

Pues sí, y ser triatleta significa que no eres nadador, no eres ciclista y no eres corredor.....sobre todo en temporada. Es verdad que muchas veces te sientes un poco marciano cuando el año va entrando y empiezas a dejar de ir a las típicas kedadas o a las competiciones que están siguiendo la mayoría de tus amigos. Tienes que dedicar los fines de semana a unos entrenamientos muy específicos, aprovechas para estar mucho tiempo en la bici y probar transiciones del estilo: 2.000 metros nadando con 90´de bicicleta, lo que supone que estás más de 2 horas liado día si y día también.

Hay que tener en cuanta que a la hora de preparar, tanto corta como larga distancia, vas a tener que entrenar entre 5 y 6 días a la semana doblando varias veces. Si encima tienes algún contratiempo puede haber alguna semana sin día de descanso, como me ha pasado a mí esta temporada. Lo bueno es que los entrenamientos son tan duros como variados, aunque hay que sacar tiempo de debajo de las piedras para poder cumplir con todo es verdad que no hay un día igual a otro y eso lo hace muy divertido. Lo curioso del tema es que estás deseando que llegue la temporada y meterte como un cerdo en una cochiquera en esta dinámica, te dejan de llamar la atención otro tipo de competiciones, te dan pereza. El cúmulo de sensaciones que pasas en un triatlón no lo he visto en ninguna otra cosa, además en cualquier distancia, porque cada una tiene su miga. Salir del agua con el corazón en la boca, coger la bici y bajar un puerto a 70 Km/h justo después, por ejemplo, es algo que te transmite unas sensaciones únicas e increibles.

Soy una persona espiritual, que no religiosa, y poder estar en contacto con la naturaleza a través del agua, el aire, y la tierra, como ocurre con el triatlón me da la vida.......me siento vivo. ¿Soy un bicho raro?

viernes, 23 de agosto de 2013

Fin de temporada. Hay que sembrar desde ya para recoger en 2014...

Es agosto y aunque se puede alargar la temporada de triatlón hasta finales de octubre he decidido darla por terminada. He cumplido mi objetivo y no ha sido un año fácil, así que toca echar el cierre y empezar a trabajar len os pilares para el año que viene.

Ha sido una temporada que se ha hecho un poco larga porque empecé en septiembre-octubre del año pasado a buscar una competición exigente. Primero fue el Maratón de Malaga pero me lesioné la cintilla, después empecé a preparar el MAPOMA cruzándolo con un reto solidario y me lesioné de la otra pierna, igual que en Málaga fue la Cintilla. El coach y yo lo intentamos todo pero fue imposible así que empezamos la temporada de triatlón antes de lo que pensaba y es que este es un deporte muy poco lesivo que equilibra mi cuerpo.  No tenía pensado hacer un Half, ninguno cuadraba, hasta que se cambió la fecha de Riaza, había unas 16 semanas por delante y nos pusimos a trabajar. Me quedó la espina de conseguir el dinero para Juegaterapia y no haber hecho el maratón, que era mi parte del reto, tenía que remediarlo y el coach lo entendió. Entonces apareció la varicela, que me dejó fuera de juego y el resultado fue que hubo que entrenar todavía mas fuerte, semanas sin descanso y doblando sesiones. El objetivo se consiguió y he quedado saciado :)

Ha sido un periplo largo y un poco raro, quiero hacer las cosas bien, me lo pide el cuerpo y la mente. Ahora hay que centrase en la montaña, tiradas largas en bici, gimnasio, el circuito de cross universitario,  el Circuito Caprus, seguir adelante en definitiva pero con orden. No sé todavía como será la temporada que viene pero los 1.5-40-10 creo que van a tener una presencia importante. Nos vemos en la montaña!!!! ;)




martes, 20 de agosto de 2013

La cabeza también se entrena, crónica de una reacción tras hostiarme en competición...

Cogí con muchas ganas el Wild Wolf Series después de pasar una varicela que me impidió ir al ITU y que hizo peligrar, y por supuesto complicó mucho, la preparación que estaba llevando. En el segmento en bici justo cuando coroné Garabitas cogí el bidón para beber, y entonces ocurrió......un bache torció el manillar y me fui al suelo. Recuerdo la primera sensación de frustración: "no es tu año Suso" eso es lo primero que salió de mi cerebro. Me había raspado todo el lateral y dolía, rápidamente vino gente que me ayudó, levantaron la bici, me levantaron a mi, me preguntaban. Ví la herida, iba de la pierna hasta el brazo aunque tampoco me parecía gran cosa, me eché un poco de agua y entonces ocurrió. Algo en mi cerebro hizo CLICK, algo cogió los mandos, me quité de encima la gente y sin pensar me subí a la bici. Empecé a pedalear, cada vez más rápido, con rabia, sin pensar, creo que debía tener la misma actividad cerebral que el cambio automático de mi coche. Las mandíbulas apretadas y rodando a toda velocidad, llegue a la bajada (peligrosa) y me quedé sin desarrollo, el dedo seguía pulsando repetidamente la maneta de cambio buscando un piñón más que no existía, tumbé en dos curvas lo que no he tumbado en la vida sin tocar prácticamente el freno. Como un autómata saqué los pies de las zapatillas y me dispuse a entrar en boxes. Me bajo y CLICK, cerebro conectado, hola mundo. Mi YO consciente vuelve a coger el control. De aquí a meta poca historia y buenas sensaciones, salí pitando alucinando con lo que acababa de ocurrir y me salió una buena carrera la verdad.

Y ahora vamos al meollo del tema. Unas semanas antes de esta competición, en medio de toda la carga brutal de entrenamiento que metimos después de la varicela, tocaba subir un puerto como preparación a Riaza. Pero claro, para que subir uno si se pueden subir dos. Primero cayó Morcuera, una experiencia increíble y muy bonita la verdad. aunque dura. Tras un breve descaso salimos dirección a Canencia, entonces el coach me empezó a hablar sobre psicología deportiva, los diferentes YO que tenemos y como actúan según tus circunstancias, cómo bloquear lo negativo en caso de fatiga extrema o cuando lo estás pasando mal en una competición. Y entonces me dejó solo, bueno solo con las cuestas de la cara norte de Canencia, había que poner en práctica todo lo hablado y mejor sin avisar claro. La cosa es que funcionó, iba roto, sufriendo lo que en la vida pero gracias a la cabeza lo hice. Esa experiencia la tuve muchos días en la retina y la guardo en mi memoria con especial cariño. Y ese entrenamiento fue el que sacó ese Suso que cogió los mandos cuando me fui al suelo en Garabitas, por cómo soy estoy seguro que habría terminado cogiendo la bici y terminando el triatlón pero sin esa reacción tan alucinante, automática y determinante. Si pudiese volver a repetir esa competición no quitaría el golpe, dolió pero me enseñó mucho, aprendí que no todo es cabeza en el deporte de fondo y resistencia como suele decirse sino que es otra cualidad más, muy importante eso sí, que hay que entrenar convenientemente. Y si lo haces tendrás resultados interesantes, de la misma forma que si entrenas la fuerza, la velocidad, el fondo, etc.
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viernes, 16 de agosto de 2013

Crónica Half Riaza Triathlon, la primera competición en la que llego el último y la que más me ha llenado.

Dice una buena amiga que el destino te termina encarrilando a donde tienes que llegar. Al terminar el verano de 2012 quería hacer un gran reto, correr una prueba larga. Intenté preparar el Maratón de Málaga y luego el de Madrid, en ambos me quedé fuera por lesión. Entonces el universo se cuadró cuano la Federación de Castilla y León cambió la fecha del Half Riaza Triathlon, prueba dura que hice el año pasado en su versión corta. Y aquí tenía que llegar porque no me paró ni una terrible varicela que me dejó 2 semanas fuera de juego, entrené muy duro para llegar a la línea de salída y gracias al expertisse de Miguel Rodriguez completé la prueba que más me ha llenado hasta la fecha. No quiero enrollarme más sobre los meses previos, hubo semanas muy duras de entrenamiento y cuando miro todo lo que hice alucino en colores. Pero vamos a Riaza, que es de lo que vá esta entrada.

El sábado 27 lo dejo todo preparado y subo a Imperiosa a la T1, aunque se puede preparar todo el día siguiente la organización nos da la posibilidad de dejar las bicis el día anterior. Las transiciones en esta prueba están separadas, la natación y la T1 se encuentran en el precioso embalse de Riofrio, subiendo el comienzo del puerto de La Quesera, la T2 unos 7 km más abajo en el pueblo de Riaza. Subimos Almu, Josu, David, Javi y un servidor. Se notan los nervios y las mariposas, esas sonrisas mitad nervios, ilusión, un poco de miedo. Hay risas, consejos, ánimos. El embalse está bonito, el agua limpia y tranquila, casi dan ganas de quedarse a dormir. Hace algo de frío y sopla un inquietante viento que sufriríamos el día siguiente. Casi me parece mentira estar 1 año después aquí, haciendo la prueba larga, unos 100 km entre las 3 disciplinas. Sin más nos bajamos, lo tenía todo preparado así que ceno y me voy a la cama.

Me despierto 10 minutos antes de las 4:30 de la mañana, me pongo en marcha, desayuno, repaso todo mil veces y al coche. He desayunado poco pero gracias a Jaime de Triatlon Store descubrí una barra de Victory Endurance que me va muy bien los días de competición en los que hay que levantarse muy temprano y el estómago está para pocas cosas. Llego a Riaza, frío, noche, locos del tri que llegan, buenas sensaciones. Llego el primero al control de la T2 y aparece un tal Luis, charlamos un poco y me parece un tipo majo, resulta que era amigo de Almu. Esto es un pañuelo. Aparece el resto de la tropa y montamos la T2. Dejo zapas, calcetines, gorra y un gel. Me monto en el autobús de la organización y subimos a la presa. casi parecemos profesionales, la organización es soberbia. Entro en T1 y lo monto todo tal y como lo he estado visualizando varios días antes, el triatlón es el deporte de los pequeños detalles y hay que prestar mucha atención a los preparativos. Veo a mi alrededor que la gente que va al triatlón largo son auténticas máquinas, "Bueno Suso, eres tu contra las 7 horas que hay de margen". En otras pruebas (franquicias principalmente) dan más tiempo, aquí no.

Una vez que los jueces confirman que el neopreno está permitido ya todo ocurre, al menos en mi mente, muy rápido. Me pongo el Aquaman ADN con el que estoy encantado, últimos preparativos y vemos salir a los del Short. Casi sin pestañear se monta nuestra cámara de salidas y al agua. Temperatura perfecta, nado un poco para ir calentando, y llega el momento por que llevo meses peleando: "¡Triatletas en posición, estáis a las ordenes del juez de salida!" Bocinazo y al lío.

Somos unos 80 en el agua y el embalse es muy ancho, hay dos boyas de referencia y dos de giro con espacio para nadar sin problemas. No hay hostias como en otros triatlones en los que he estado. Rápidamente encuentro mi ritmo, tenemos que dar dos vueltas de 1.000 metros, en la segunda cometo un error y es que el sol me confunde y voy hacia la boya de giro que no es. Me doy cuenta y tengo que recular un poco. Acelero al hacer el último giro y me lanzo a por la zona balizada para poder subir a la presa. Salgo en 39´del agua, me voy quitando el neopreno mientras corro y hago la transición tal y como tenía pensado. Cojo mi montura y se me cae un gel que pensaba llevar en la bici por si acaso, me avisa un juez y dudo en dar la vuelta, el destino aparece (si lo pensabas llevar, llévalo) me dice la cabeza así que retrocedo y lo pillo. Y esto tendría una trascedencia brutal después.

Bajamos con frio el puerto de La Quesera hacia Riaza, voy helado pero no quiero perder tiempo, ya se pasará. Bajando me quedo sin desarrollo, no sé que velocidad alcancé pero iba a toda pastilla. En Riaza me gritan, es Roberto Capilla, GRACIAS! Y empieza lo duro, el circuito de bici.

Según termina Riaza la primera cuesta, cuando coronas no hay llano sino una sucesión de toboganes hasta llegar a un pueblo llamado Alquite donde hay una bajada de ir a tope, que luego hay que subir claro. Me cruzo con Josu, David, Almu y un conocido del Diablillos. Aquí es donde me sorprende el viento, no me he dado cuenta porque me pegaba de culo al venir lo que quiere decir que nos pegará de frente en las subidas. No lo pienso mucho, la bici es lo que peor llevo y más me cuesta, sigo con el plan. Aparece una rampa en la que pega el viento de frente y me quedo casi parado, sufro un poco pero lo supero y subo hasta el primer avituallamiento. Vuelta y a por las subidas. Y efectivamente, hay mucho viento en contra, subimos tramos que están alrededor de un 10% de pendiente, con viento en contra. Brutal, empiezo a sufrir y es entonces cuando aparecen todos los consejos y todo que he aprendido al lado de Miguel, me voy acordando de todo según voy avanzando. Cuando pienso en que tengo que dar otra vuelta aparecen pensamientos negativos, pero los borro y me centro en ir pedalada a pedalada. Me concentro, un poquito echado adelante, pisada plana, controla tú la respiración, come, bebe, sufre, y SIGUE!!!!! Llego a Riaza y vuelta a empezar, segunda vuelta, el aire mucho más fuerte que en la primera. Pienso en el gel que llevo, tiene cafeína, "deja de tomar geles del bidón y tómate este al dar la vuelta en El Negredo", pienso. Así lo hago, noto el empujón de la cafeína que me ayuda un poco para completar la segunda vuelta. Nos cruzamos varios triatletas y converso con alguno pero no puedes pillar ninguna rueda, a pesar del cansancio me concentro en no incumplir el drafting aunque ganas de coger una rueda y protegerme del viento no me faltan. A veces voy solo por la carretera, te sientes un poco extraterrestre la verdad pero es una sensación que tiene cierto encanto. Cuando veo Riaza al fondo sonrío y siento una satisfacción enorme que recorre mi cuerpo y es que al empezar quería hacer la bici en 3 horas como mucho, ahora se trata simplemente de llegar al corte y poder terminar la competición, y he llegado con tiempo suficiente para hacerlo. Justo al entrar en Riaza una última cuesta hasta llegar al pueblo, pongo el 34 y el 28 y subo tranquilo intentando relajar lo que pueda las piernas hasta llegar a la transición. Como detalle de lo que soplaba, hubo un momento en el que tuve que quitar prácticamente todo el desarrollo en llano para, simplemente, poder mover la bici. a esto se sumaba un circuito que es duro pero que me ha enseñado mucho y he ganado una confianza brutal para afrontar futuras competiciones.

Me bajo de Imperiosa y aparece la cruda realidad, las piernas están muy cargadas. Me noto con fuerzas, me he alimentado bien, pero muscularmente estoy roto, así de simple. Hago la transición y arranco los 20 km de carrera con la certeza de que a la meta llegaré si consigo dosificar y gestionar mi musculatura inferior, hay riesgo de calambres, tirones o una lesión. Así que me agarro al CaCo, corro y cuando veo que las piernas se convierten en madera o hay riesgo de calambres, ando rápido hasta que la cosa se relaja. Y así, poco a poco, juntandome con unos y con otros, compartiendo conversación y ánimos con varios compañeros de fatigas y los ánimos de Almu y Mariano en cada vuelta llego al último avituallamiento, me quedan 3 Km hasta meta. Y entonces me doy cuenta de que voy el último, y me da igual, ni bajón psicológico ni nada, he visto varios abandonos y es entonces cuando entiendo la cultura finisher de este deporte. Decido poner toda la carne en el asador y desde aquí consigo trotar hasta la meta sin parar, los cuadriceps amenazan con subirse, los gemelos hace rato que no están, los isquios duelen y los sóleos parecen papilla. Francamente, me duelen hasta las pestañas pero sigo paso a paso, poco a poco, concentrado, funcionando de manera automática, aislado y a lo mío, hasta que veo la meta. Sonrío, no puedo esprintar aunque me gustaría, apenas puedo mover las piernas de hecho debo parecer Triatleta de La Calzada, pero sonrío y cruzo el arco y me río, y veo a Almu, y lloro claro. Se me caen las lágrimas y me siento feliz, muy feliz. Y soy feliz no por haber hecho esta dura prueba, lo soy porque el año pasado descubrí el triatlón pero este año me siento triatleta, el destino me ha traído hasta aquí (no sin esfuerzo) y quiero quedarme. Finisher con 6:31:12 y encantado con este deporte y todas sus distancias. La temporada se acaba y toca volver a la montaña y los crosses.





Gracias Miguel por creer en mi , y gracias a Rafa Tibu y los Caprus por todo lo que me habéis dado. Se os quiere :)

Y gracias a la gente de Riaza que no nos dejó de animar en todo el recorrido, el año que viene me gustaría volver a esta prueba tan dura y bonita.

Fotos sacadas del perfil de Laetus, Almu y Roberto Capilla.