lunes, 19 de mayo de 2014

El tímido chico de la bici.

Ya son tres los años que llevo subido a una flaca. Recuerdo nítidamente el día que fui a comprarla, el pánico que sentí al ver los pedales automáticos, el vértigo de no haberme subido a una bicicleta desde los 12 años (literalmente). Resulta que el jodido soñador que soy se propuso ser triatleta y es requisito imprescindible dominar la bici de carretera. Recuerdo los miedos la primera vez que me subí, el inexistente equilibrio, el no saber para qué coño servía un desarrollo, ser completamente incapaz de soltar una mano, tener que pararme para poder coger el bidón y beber.

Es imposible olvidar el dolor de culo, cuello y espalda cuando no había hecho 20 kilómetros ni siquiera. La sensación de impotencia al quedarte sin fuerza en cualquier mínima cuesta, tirar de molinillo a las primeras de cambio porque era imposible mover los pedales. El pánico absoluto a la carretera, el ser incapaz de seguir una línea recta y otros tantos miles de detalles. Todo vino a mí hace unos días cuando entrenaba en la Casa de Campo. Terminaba unas series corriendo y le vi, un chaval de unos 35, regordete, con miedo, ilusión, muy parecido al Suso de hace tres años. En su mirada había una mezcla de miedo, ilusión y certeza. Apenas podía manejar la flaca, torpe al subirse, inseguro en el manejo, muy torpe al bajarse, tampoco podía coger el bidón y mil detalles más, como yo hace tiempo. Me quedé pensando un rato en todo lo que había pasado estos últimos años. Me dieron ganas de acercarme, de decirle que se puede, que no se preocupase, que todo lleva su proceso, que no se precipitase pero que fuese constante. También que se rodease de buena gente, de la que te enseña poco a poco, no de la que te obliga a hacer cosas que supongan un peligro, o de las que enseguida te hacen quemar etapas. Hay algo que nos cuesta entender en la vida y es que todo lleva su tiempo, que no por llegar antes vamos a llegar mejor o ni siquiera llegar. Los buenos guisos se hacen a fuego lento. Pero el chaval se fue y no me dio tiempo a hablar con el, una pena.


Tres años después de subirme por primera vez a una flaca, de encontrar mi pasión en el triatlón, lo de menos es haber aprendido a manejar una bici de carretera y hacer cosas que pensaba imposibles para mí. Lo más importante es aprender a pensar en largo, a tener paciencia, diferenciar la paja del grano y ser mejor persona. En general, estos tres años he aprendido más sobre la vida que sobre el triatlón. Pero realmente, todo empezó entrando en una pequeña tienda de bicicletas del Paseo de las Delicias cargado de ilusión.

lunes, 5 de mayo de 2014

VI Triatlón de la Cerámica



La verdad es que casi se me olvida lo que me gusta este deporte. El periodo entre una temporada y otra es largo, vas viendo como otros compis terminan maratones, trails, etc, y se te ponen los dientes largos. Tu sigues con tus “cosas de triatleta” y es verdad que se puede hacer algo duro. Al llegar a Talavera, llevaba una sonrisa de oreja a oreja y ya desde que entraba a coger el dorsal me he subido a una nube. No conozco otro deporte más flipante que este, es lo más endorfínico que he hecho nunca y es que son muchas las sensaciones que hay a lo largo de un triatlón, sobre todo si es en un entorno tam bonito como este. Talavera lo hice el año pasado por primera vez y decidí que esa prueba sería una fija en mi calendario. Desde este humilde blog quiero dar la enhorabuena a la organización y los lugareños, la verdad es que todo fue perfecto y se nos recibió con mucho cariño en la ciudad de la cerámica.

Hoy he sido consciente de varias cosas. La primera es que, aunque me muevo con mas soltura en los boxes, todavía me queda mucho que aprender. El cuidado y la colocación de todo lo tengo ya bastante resuelto pero tengo que mejorar los tiempos de las transiciones. La segunda son los imprevistos, el tri es un deporte muy complejo y en cualquier momento te puede pasar algo. Tienes que estar mentalmente preparado para lo que sea. La tercera es que me falta mucha fuerza encima de la bici, pero también es cierto que la manejo mucho mejor, por fin me he podido bajar en marcha de ella y he empezado a usar gomas aunque todavía no me atrevo a saltar en mi Imperiosa. La cuarta que sé sufrir, el Mister me ha enseñado a tolerar y gestionar el sufrimiento para poder competir en la parte alta de mi pulso, y se nota, vaya que si se nota. Las sensaciones en la carrera a pié han sido increíbles.

Llegamos pronto y enseguida nos encontramos con algunos amiguetes. Rápido recogemos dorsales, chip y nos marcan. Acto seguido pasamos control de material y montamos los boxes. La verdad es que todo transcurre con bastante calma, me siento muy a gusto. Me encantan estas pruebas ”pequeñas” hechas por clubes, de triatletas para triatletas, apenas 200 dorsales y muy buen rollo. El compañerismo aparece por todos los lados, consejos, ayudas, se respira muy buen ambiente. Calentamos un poco y nos ponemos los neoprenos, entonces yo me meto en mi mundo y me tiro al agua.

No hay color con la pasada edición, hay algo de corriente pero es soportable y la temperatura tampoco es tan fría como el año pasado. Sin darnos cuenta dan la salida y el tranquilo río entra en ebullición. Voy cómodo, acelerando poco a poco en un mar de pies y manos, entonces ocurre, ¡ZAS!, me sueltan una patada justo debajo de las costillas que me deja roto. No puedo respirar, me doblo, duel
e, me paro, braza, respiro, suelto aire, joder…me ha dolido mucho y me ha parado en seco. No pierdo la calma y poco a poco me voy recuperando, entonces arranco a nadar y sigo hacia la primera boya. La doblo con facilidad, me oriento a la segunda y la paso bien pero cometo un error. La primera norma del triatlón es “nada con calma”, estoy picado por el tiempo perdido y pillo unos pies de uno que va bastante rápido. Me vacío en este tramo contracorriente, me pongo a nadar a toda hostia y eso lo pago, karma instantáneo. Salgo del agua por la barandilla y me doy cuenta de que la he cagado, voy cardiaco perdido, creo que un poco hiperventilado y algo mareado. Me voy quitando el neopreno hasta que llego a mi puesto. Estoy desorientado, no me centro, pierdo bastante tiempo hasta que consigo colocarlo todo y puedo arrancar el segmento de bici. Cuando me subo sigo un poco desconcertado, bebo isotónico, meto los pies y ajusto las zapas, con calma me voy recuperando.

Cuando llegamos el Mister vio el viento y como perro viejo que es ya me dijo que lo pillaría en contra a la subida, así que: “no te vacies Suso, no se pelea contra el viento”. Y efectivamente, así ocurrió. En la subida regulo y busco un desarrollo relativamente cómodo para no petar, al coronar el viento pega bastante fuerte y yo sigo con la idea de controlar un poco. Giro y aquí la cosa cambia, acelero y bajo hasta Talavera sin tocar el freno, QUE GOZADA. Tenemos la carretera para nosotros y es una pasada ir en competición volando cuesta abajo con la bici, tumbándola de lado a lado de la carretera, trazando como si el binomio que formamos tuviese un solo alma. Aparece Talavera al fondo, la estampa es preciosa, no quiero ver la velocidad que llevo, no me interesa, solo quiero seguir bajando hasta el infinito. Disfruto una barbaridad. Entonces toca conectar el cerebro, quito desarrollo y me centro en llevar bastante cadencia. Saco los pies de las zapatillas, me levanto, paso la pierna por encima del sillín y me bajo en marcha. Esto me pone a mil, es la primera vez que lo hago en competición y suelto adrenalina por todos mis poros. Dejo a Imperiosa, me calzo y salgo pitando. Al contrario que antes, esta sí que es una buena transición.

La carrera con cojones, dicen que no tiene más estrategia que esa, adelanto a un chaval que me pasó en la bici y le veo bastante jodido, supongo que se vació subiendo. El cuerpo empieza a funcionar antes que otros triatlones, enseguida alcanzo las pulsaciones y las sensaciones que quiero, de aquí al final es un aguantar la agonía sin pasarse para no desfallecer. Entro en la meta como me gusta, acelerando los últimos metros y con sensación de haberlo dado todo, extiendo los brazos en un intento de abrazar la meta, como si fuese algo tangible, me siento exhausto y vivo.

He terminado muy contento porque llevo unas semanas con muchos viajes y sin poder entrenar como debería, aparte de algún que otro problemilla que me ha tenido distraído. Sin embargo he tenido sensación fortaleza. La conclusión es que me noto más maduro como triatleta, es mi deporte, es el que me gusta, pero todavía queda mucho por aprender y mejorar. De hecho queda muchísimo, pero como podéis leer, ganas no me faltan.


Fotos cortesía de Miguel Rodriguez.

martes, 15 de abril de 2014

ESTO ARRANCA


La temporada ya está a la vuelta de la esquina. Llevaba tiempo sin escribir en el blog pero me gano la vida escribiendo y las últimas semanas he tenido mucho trabajo. Ahora que he vuelto del viaje de trabajo a Las Vegas y disfruto de unos días quería ponerme al día. Lo primero, otra carrera agridulce, la de los Bomberos. Le plantee al Mister ir a por MMP en 10 K antes de la temporada, buscar ese objetivo con unas pocas semanas específicas y así lo hicimos. Dejamos algo la natación y la bicicleta para centrarnos en la carrera, sobre todo en el trabajo anaeróbico y de calidad. Esta temporada estoy aprendiendo a sufrir, soy capaz de subir mis pulsaciones a dígitos impensables hace unos meses y aguantar la agonía. Lo genial de la persona que me entrena es que te enseña, no solo te da un planning para que sigas unas instrucciones. Así que a base de series en la Casa de Campo con el a mi lado he descubierto cual es el punto en el que mi cuerpo cambia los gases y entra en anaeróbia. Es curioso lo diferentes que son las sensaciones entre las 174 y las 178 pulsaciones Justo hay un puntito en el que vas casi al límite, un esfuerzo sub máximo que puedes aguantar 10 Km. Si voy una o dos pulsaciones por encima mi fatiga se multiplica, pierdo la técnica de carrera y la cosa no funciona tan bien. Este nivel hay que trabajarlo todavía, por ahora queda para los finales de las competiciones.

Vamos al grano, conseguí la marca pero había piernas para más. Al contrario de lo que algunos piensan no tengo marquitis, pero si que me gusta prepararme para las competiciones y cruzar la meta con la sensación de haberlo dado todo, eso no ocurrió en Bomberos. Como he sido muy lento hasta hace bien poco me suelo colocar detrás en las salidas, pero claro, no es lo mismo competir a 5:10 que poder hacerlo a menos de 4:30 en un 10.000. Me coloqué más delante de lo habitual pero no lo suficiente, ni de coña. Ahí se jodió todo. El primer km salió en 5:00 y hasta la mitad no conseguí bajar de 4:30, mucha gente, demasiada. Lo bueno, que sigo bajando marcas, que sigo aprendiendo a “sufrir”, que me veo rápido y que esa velocidad es un puto vicio. De verdad, cuanto más rápido voy menos me atraen las distancias muy largas. A lo mejor con el tiempo se me pasa, no lo sé. Por ahora mis competiciones ideales son los 10K y las Medias en atletismo, los Sprint y Olímpicos en triatlón. Pudiendo subir a Maratón y Medio Ironman en algún caso, pero nada mayor. Quiero seguir en este camino de volverme rápido, fuerte, crear base. Me gusta la velocidad, me gusta la técnica que hay detrás de distancias “cortas”, donde cualquier mínimo detallito cuenta. ¿Es más difícil terminar un maratón que hacer una buena marca en un 10K? Esta es una pregunta que hace un año tendría una respuesta clarísima por mi parte, ahora mismo y después de todo lo que estoy aprendiendo, no lo tengo tan claro. Con esto no estoy menospreciando nada, cuidado, no van por ahí los tiros. Solo que por primera vez soy consciente de todo el trabajo que hay que hacer para ganar velocidad, es algo muy complejo. No quiero que esto suene pretencioso porque no lo es, por eso hice el blog, para poner lo que YO sentía. Solo eso, mis propias conclusiones y mis sentimientos, no pretendo aleccionar a nadie. Tampoco pienso que esté en posesión de la verdad, como he dicho, son mis conclusiones y lo que yo voy sintiendo. Nada más.

Tengo un sueño que es hacer un Ironman, he tomado el camino más largo para llegar a el, porque no me vale con terminar. Quiero estar en la línea de salida preparado, fuerte, verme con recursos, rápido, ágil, a la altura. Ya sé que tengo los cojones para terminarlo, pero me falta el físico y la experiencia. Los viajes que más he disfrutado en mi vida han sido largos. Y en eso ando ahora mismo, disfrutando de un largo y bonito viaje J

lunes, 10 de febrero de 2014

Media Maratón Fuencarral-El Pardo, MMP y grandes sensaciones.

Si había una carrera a la que tenía ganas era la Media Maratón Fuencarral-El Pardo, es la carrera de mi barrio. Quería darlo todo, el año pasado terminé un poco cabreado conmigo mismo, creo que podía haber rendido un puntito más pero me faltó confianza. Tampoco habría bajado mucho el tiempo, uno o dos minutos como mucho, pero sí que habría cruzado la línea con esa sensación de que lo has dado todo que tanto me gusta.

El día anterior a la carrera no salí de casa prácticamente, solo para hacer 30´de trote y 6 rectas con muchos estiramientos después. Me quedé el resto del día en casa, leyendo, concentrado, tranquilo, las piernas en alto. Se me pasó muy rápido el día y me fui a la cama dejándolo todo preparado con mucho mimo. Dormí del tirón y a las 6:15 sonó el despertador. Hago todo el ritual típico de una carrera y salgo andando hacía el Polideportivo de Santa Ana, es un lujo poder ir andando a una de tus carreras favoritas. Justo antes de llegar me pitan, son mis cabras, desde ese momento ya estamos todos los Caprus juntos. La idea es ir en un grupo de 4 donde David y yo estamos muy parejos, Miguel y Rafa venían a ayudarnos y marcarnos ritmo. Enseguida nos empezamos a encontrar muchos amigos y en nada ya estamos calentando, yo me concentro y dejo de hablar, desde ese momento solo hay 21 km por delante.

La salida es quizá lo que menos me gusta de esta carrera, no hay espacio por las calles y se pierde algo de tiempo, hasta el km 3 más o menos no podemos pillar el ritmo que queremos, vamos un pelín retenidos y zigzagueando entre corredores. Nos cruzamos con varios amiguetes. Yo voy a lo mio, callado, sin pensar, intentando lanzar la zancada bien adelante y pisando bien, qué diferencia cuando practicas la técnica de carrera. Se me pasa todo muy rápido, enseguida llegamos al Pardo y ya dejamos de bajar. Terreno ligeramente ondulado donde subimos pulsaciones y vamos cogiendo una velocidad interesante. También se me pasa muy rápido, voy muy ensimismado sin perder el hombro de Miguel como referencia. Y entonces empieza la carrera, subidas y más subidas hasta Montecarmelo. Por cierto, picamos en kilómetro 10 en 48:13, lo que sería MMP en 10 K. 


Si hay una diferencia, aparte de las físicas, entre el Suso de 2013 y el de 2014 es la cabeza. Gracias al Mister he descubierto que hay otro yo dentro mí, lo llamo “El otro tipo”. Bueno, pues en las cuestas fue ese otro tipo el que cogió el control, este “Yo” tiene una tolerancia al sufrimiento que yo no tengo. De hecho creo que hasta disfruta con ello el muy cabrón, cuando vi los parciales que nos marcamos en la subida no me los creo, pero es que cuando llegamos al llano cayeron un par de km por debajo de 5´con unas sensaciones acojonantes, todo gracias al otro tipo. No recuerdo bien la cuesta larga en curva que te saca del Pardo, creo que iba totalmente concentrado, boqueando y babeando, aislándome de todo para seguir adelante. Como cuando sales de un cuarto y apagas la luz, pues algo así, es una sensación difícil de explicar, no siempre consigo ir tan en automático pero es algo alucinante cuando ocurre. En esos momentos eres todo instinto, tu lado más animal tiene el control y apenas hay tiempo para pensar, creo que tiene que ver mucho este estado con la meditación……pero es da para otro post en este humilde blog.


Cuando llegamos a Montecarmelo las fuerzas ya iban justas y pica para arriba pero bien. Braceo, braceo
y braceo, las fuerzas ya están justas y cuesta mantener el ritmo, intento no desconcéntrame y centrarme en la técnica. Miguel y Rafa no dejan de animar, David va fuerte, pierdo un par de metros respecto al grupo pero tiro de rabia y me vuelvo a unir. No dejamos de adelantar gente, no dejamos de pasar cadáveres, ¡Somos Caprus coño, que se noten los entrenamientos en montaña!, nos grita Rafa. Cruzamos el puente hacia Fuencarral y yo voy muy justo, David me adelanta unos metros y esta vez no puedo pillarle, no queda nada, voy por inercia a la meta sacando de donde no hay para mantener la velocidad, suelo tener un buen final pero aquí no aparece, básicamente porque no hay nada más de donde sacar. Cruzo la meta y me abrazo a David, veo a Miguel y Rafa, apenas puedo hablar y no me creo el tiempo: 1:45:50 según mi Garmin y 1:46:00 según la organización. He cruzado la meta como me gusta, con esa sensación de que lo he dado todo, de que no queda nada, muy feliz. Casi 10 minutos menos que el año pasado y 7 menos que mi MMP en Getafe. ¿Qué decir? Simplemente que ha sido acojonante, las sensaciones indescriptibles y terriblemente adictivas. Qué junto va el sacrificio y el goce en este deporte. Al lado de mi gente, de mis Caprus, estoy creciendo como y atleta y persona. Gracias cabras por existir y acogerme. ¡Aupa Caprus!

Fotos robadas con nocturnidad y alevosía a Jorge Gómez y Felipe Lira, gracias :)

lunes, 3 de febrero de 2014

¿Es más duro entrenar para triatlón que para un maratón? No, es diferente.

Lo primero que quiero dejar claro es que no soy nadie, solo un tipo que hace 7 años empezó a correr y que está en constante aprendizaje, pero me gusta compartir lo que voy aprendiendo y mis sensaciones. La de arriba es una pregunta recurrente, yo creo que nos la hacen a todos los triatletas. Mi humilde opinión es que no me parece que sea más duro preparar un triatlón (hasta Half) que un maratón o carreras similares. Pero sí que hay matices importantes a tener en cuenta. La primera es que el atletismo es un deporte diferente al triatlón, de hecho creo que más diferente de lo que parece en un principio.

En el triatlón no tienes ese continuo machaque de articulaciones que hace que al final de la semana te duelan hasta las pestañas. De la misma forma, no tienes esa sensación tan típica de “estoy hasta la/las/el/los (sustituir por la parte del cuerpo que proceda) de salir a correr”. Cuando llevas semanas entrenando para un maratón se hace muy duro, a mí me costaba cumplir entrenamientos porque ya no me apetecía correr más, pero soy disciplinado y salía a cumplir lo que tocaba. Bueno, eso en el triatlón no existe, realmente no tienes tiempo de aburrirte en ninguna de las tres disciplinas. La bici, por ejemplo, apetece siempre si hace buen tiempo y esas cosas. Al final de una semana dura de triatlón no te duele todo, la sensación que tienes es más de cansancio, pero realmente no aparecen esas molestias que si tienes al correr 4/5 días semanales. Como dice un buen amigo, correr duele.

La diferencia fundamental se encuentra en la gestión del tiempo. Si bien no me parece más duro entrenar triatlón que maratón, hay que dedicarle más tiempo. El triatlón implica muchas horas de entrenamiento, ahí está la diferencia. No terminas con ese machaque de solo correr pero sí que la buena gestión de la agenda es fundamental. Muchas veces tienes que robar tiempo a la cama y otras facetas de la vida.No tiene esa inmediatez del atletismo, no es llegar a casa y calzarte las zapas. Tienes que planificarte la semana y vencer la pereza. A mí es algo que no me cuesta hacer, también es cierto que me apasiona y disfruto como un loco.


Esa es mi humilde opinión, son dos deportes duros con ese matiz que he intentado explicar. Uno duele y el otro cansa, uno es más pesado y el otro más variado, uno te deja más tiempo libre y el otro consume tu agenda. Creo que en una balanza todo andaría muy equilibrado, depende el tipo de persona que seas te gustará más una cosa que otra. Como veis, no son deportes que se parezcan tanto ;)

jueves, 23 de enero de 2014

La magia se pasó por Alalpardo.

Ocurre a veces, los planetas se alinean y una competición se vuelve muy especial. Eso ocurrió en Alalpardo en el II Trail del Serrucho de manera masiva. Los ingredientes fueron una pizca de buena organización, una pizca de corredores que se conocen entre sí, otro poco de mal tiempo y cuarto y mitad de barro. Introduzca los ingredientes en un bol y remueva para mezclarlos bien, no hay ni que dejarlo adobar porque la reacción es instantánea.

El día no acompañaba, lluvia y frio. Pensaba que iba a faltar mucha gente por cómo pintaba el escenario pero no fue así, en seguida empezaron a aparecer caras conocidas por todos lados. No os voy a nombrar a todos, sabéis de sobra quienes sois, algunos os veo más y a otros menos, con algunos solo he cruzado 2 palabras, a otros solo os conozco por las redes,  pero se os quiere, de verdad, compartimos pasión y eso ya es mucho compartir en este siglo XXI. La primera cosa que me llama la atención son las sonrisas, todo el mundo está sonriendo, los comentarios giran en torno a nuestra locura, en cómo explicar esto a la gente que está fuera del pequeño mundo que hemos creado. Hemos formado un ecosistema propio, en estos deportes es necesaria cierta empatía, y más en un país como este que ha empezado a correr recientemente. En cierto modo me jode que la gente nos mire un poco raro, de verdad que no hacemos nada extraordinario, simplemente corremos, está a la altura de cualquiera que se lo proponga.
Llega el momento y nos vamos en grupo desde el polideportivo a la plaza de toros, donde está la salida. Todo son saludos, comentarios positivos, miradas de complicidad, alegrías, abrazos, estiramientos. No hay miedo, nadie cuestiona la meteorología, aquí hemos venido a disfrutar y punto. Somos una masa apasionada, se percibe la energía positiva.

Y dan la salida, ¿qué comentar de la carrera? Todos sin excepción nos dedicamos a correrla lo mejor que pudimos. Nos olvidamos de marcas o ritmos, se iban haciendo grupitos donde todo el mundo se ayudaba. Los voluntarios, qué voluntarios, así como la gente de Protección Civil, no dejaban de dar consejos, indicar por donde se pasaba mejor y ayudar en todo lo que podían. Dejamos de ser corredores para ser niños, ¿quién no ha disfrutado de pequeño saltando en los charcos  y poniéndose de barro hasta las orejas? Al menos así lo he sentido, fuimos 500 niños con dorsales disfrutando de unas horas de barro y agua sin limitaciones. También hubo espacio para el esfuerzo, por supuesto, no fue fácil completar el recorrido, ni mucho menos. Creo que fue una carrera épica, divertida y entrañable. Personalmente, estoy orgulloso de poder decir: “Yo estuve en el II Trail del Serrucho”, esa frase sonará mucho tiempo en nuestro mundillo.   

Foto cortesía de: www.tufotodelacarrera.com

viernes, 10 de enero de 2014

Pretemporada.

Podríamos hacer el chiste de: La pretemporada es larga y dura, cómeme la pretemporada….pero no lo vamos a hacer ;)

Si, es complicada, el triatlón tiene una particularidad y es que cuando se termina la temporada se termina de verdad. Algo parecido pasa con la montaña pero sigue habiendo pruebas de trail y similares todo el año, aunque no haya mucha montaña pura y dura te puedes quitar el gusanillo. Con el tri no pasa eso y se hace duro, el deporte de las tres disciplinas engancha mucho y cuando llevas unos meses sin practicarlo tienes mono.
Una vez que terminas tu temporada tomas unas semanas de “descanso”, te dedicas a ir a las kedadas, hacer pruebas de asfalto, trail, crosses, juntarte a todo el mundo. Arranca después una etapa de acondicionamiento y otra general en la que hay que empezar a preparar el cuerpo, esto se hace puñetero porque una gran parte de ese entrenamiento se basa en el volumen. Hay que meter cantidad y poca calidad, hay que visitar el gimnasio a conciencia, no tienes objetivos a la vista y es que estás a 5 ó 6 meses de tu primera prueba. Tampoco tienes buenas sensaciones, te notas un poco torpe, estás trabajando la fuerza-resistencia en el gim incluso buscando un poco de hipertrofia, estás metiendo muchos metros de natación sin hacer ninguna serie, corriendo hemos hecho tiradas de 14-17 Km recurrentemente, la "velocidad" sólo la hemos aplicado después de un día de fuerza. Esos días son particularmente jodidos porque “lo has petado” con las pesas el día anterior y al aplicar series de 400, por ejemplo, no tienes buenas sensaciones. Recuerdo un 25x100 después de uno de los días más duros de gimnasio cuando estábamos buscando la hipertrofia donde sufrí como un puto perro. Estaba cansado, hacía frio, hacía viento, a ratos llovía, eran las 8 de la noche y estaba todo oscuro, las piernas infladas, los hombros dolían, estaba muy incómodo. Tenía que buscar el máximo de 180 pulsaciones y no llegaba, estuve a punto de tirar la toalla es día, lo reconozco. “¿Qué coño haces Suso? Vete a casa y tómate una cerveza, vete al cine, sal a tomar unas tapas…” Controlé los malos pensamientos y terminé el entrenamiento, lo tengo como uno de los entrenamientos más duros que he hecho nunca, ¿suena a coña verdad? Un 25x100, cualquier cosa menos algo épico.

En la bici hemos metido mucho kilometraje, atrancado y con poca cadencia, sin levantarme del sillín en las cuestas, buscando esa fuerza que tanto me va a hacer falta. Días de lluvia, de frío, con dolores en las piernas por las pesas, por las series, el cuerpo quejándose de lo que le estás haciendo….y ningún objetivo a la vista.
Se hace duro, se hace muy duro todo ese volumen, volumen y más volumen. Pero la distancia con los sueños se disminuye mediante la disciplina. Ahora mismo me veo fuerte, la fase específica se acerca y estamos haciendo cambios en los entrenos. El gimnasio ya no es tan pesado, hemos cambiado a fuerza-velocidad. La bici aparece con más sesiones y hay que empezar a hablar de calidad. La base está puesta, los pilares que van a soportar la temporada ya están definidos, ahora podemos construir la casa. Han sido un par de meses duros pero ha merecido la pena, mucho, creo que estoy más fuerte a nivel mental además, no solo en un plano físico. Esto es algo que hay que hacer todos los años, los pilares hay que ponerlos siempre o no tendrás la casa que quieres.

Como le pasa a mucha gente con MAPOMA en esta parte del año ya veo los objetivos en el horizonte, el 4 de mayo arranco la temporada en Talavera con casi total seguridad. Lo bueno que tiene el tri es que no te lo juegas a una única prueba, cuando arrancas caen competiciones una detrás de otra alargando el disfrute. Es como si te preparases para un maratón, te recuperases muy rápido y tuvieses maratones cada 3 semanas. Curioso, ¿verdad? Constancia y pasión amigos, ésa es la clave para muchas cosas en la vida.